La perpetuidad del Mirreynato

Empatía: la participación afectiva de una persona a una realidad ajena a ella. Para poder desarrollar la empatía, como sugiere la descripción, es necesario tener una noción de “tu realidad” y compararla frente la realidad de los demás. El problema con esto es que a parte de la realidad individual se ignora la realidad “del otro”, del que pertenece a una esfera socioeconómica distinta a la nuestra, ya que nacer en un país como México donde la movilidad social es casi nula, donde siete de cada diez personas que nacen pobres, morirán pobres, la balanza de la equidad es todo, menos equitativa. Que, si de un lado está el concentrado de las personas menos afortunadas, con menos oportunidades y del otro los adinerados de México que tienen bienestar y estabilidad, la balanza se cae de la mesa.

Un país como el nuestro convive entre distintas realidades o burbujas, cada sector de la sociedad se desarrolla dentro de su propio contexto y es este el que determina el mundo en el que vive el sujeto. Tenemos por un lado burbujas que más que burbujas parecen diamantes, brillantes, deslumbrantes, que ciegan a todo aquel que los mira, que los protege ante la sórdida realidad del exterior, que fueron formadas por los padres para sus hijos y a su vez heredadas por los abuelos. Diamantes impenetrables, inamovibles y que se quedan allí, incrustados por su propia dureza. Por el otro lado, las burbujas más simples, más inestables, hechas de jabón y pueden explotarnos en la cara en cualquier momento, y darnos duramente contra el piso de la realidad. Porque la delgada capa de protección de las burbujas más débiles se tambalea en inestabilidad entre tener un trabajo hoy y él no tener que comer mañana.

Vivimos en un mundo donde se cree que existe la libertad en el mercado, que “el pobre es pobre porque quiere” y que no hay razones suficientes para no triunfar en un sistema que permite la expansión infinita y que esa libertad da alas para todo el que quiera volar. Pero ¿Qué libertad puede tener aquel que nada posee? Cuando existen sectores que tan solo de nacimiento ya tienen fortuna, y existen sectores que no podrán tenerla en toda su vida. Si la vida fuera una carrera de cinco kilómetros, existen los que corren a partir de la línea de salida y quienes inician en el kilómetro cuatro.

En el 2013, Ricardo Raphael publicó varios artículos con base al reporte previo que dirigió sobre la discriminación en México para que no se quedara solamente en el estante de una biblioteca. Entre estos artículos se encontró la dictadura de los mirreyes. Tanto el como su amigo Fernando Escalante, sociólogo e intelectual hispano-mexicano, coincidieron en una conclusión muy simple pero certera sobre el tema, comentando sobre la inexistencia de empatía por parte de las elites mexicanas, puntualizándola como uno de los principales problemas en México.

El problema no es sólo la falta de empatía, si no la educación encapsulada en estas burbujas brillantes de los hijos, de estas personas nulamente empáticas quienes, al tratar de defenderlos del mundo, los alejan de la realidad del país donde (quieran o no) están viviendo y con esto limitan o eliminan la posibilidad de hacer algo para cambiar el infortunio de las clases más desprotegidas, ya que son estas clases altas quienes tienen mayores responsabilidades sobre la problemática de la desigualdad en el país. A partir de esta idea es como se genera el resto del libro de Raphael llamado El Mirreynato.

Este libro toma como personaje principal a estos jóvenes, entre ellos llamados orgullosamente mirreyes, quienes son definidos en el libro como los sujetos que “obtuvieron el mayor privilegio con el cambio de época”. Esto se refiere a que sus abuelos tuvieron que trabajar toda su vida para poder darle a sus padres lo que tienen, y ellos a su vez trabajar de esta misma manera hasta llegar al punto de riqueza que le pudieron pasar sin ningún esfuerzo a estos paps y que al final sacaron la lotería teniendo un “liderazgo social sin justificación” como lo comenta el libro. Desde el principio se advierte el tono de éste, no pesimista, pero si real y frío sobre lo que se vive en nuestro país día a día e incluso en un ámbito internacional, ya que definitivamente estas personas no se detienen a ostentar en territorio extranjero. Con esto comienza a dar ejemplos de situaciones donde estos se ven involucrados, que aunque al principio se tome con tono de humor, termina englobando situaciones muy crudas y reales que al ser hechos reales, terminan siendo difíciles de digerir.

Se habla de los personajes principales desde un punto de vista muy íntimo, dándolos a conocer como si vivieran en la misma casa junto con los otros personajes secundarios, a quienes también conoce de raíz. Estos personajes secundarios es toda la ciudadanía mexicana. Policías quienes en un principio pueden no ser corruptos, pero al recibir una llamada de una persona muy influyente que les advierte su despido o incluso desaparición de sus seres queridos si no deja ir a su hijo, no tiene mas opción que ser parte de la estadística. Políticos que ponen una tubería directa de la tesorería del gobierno a su cartera, los trabajadores que nunca podrán escalonarse en la jerarquía social porque a penas pueden vivir al día con el sudor de su frente manteniendo a una familia de cinco, y muchos personajes más que en conjunto forman a la población mexicana.

Sin embargo, después de todo hay una razón, la cual encontramos en el texto de Raphael, que es innegable y por la cual toleramos vivir en este régimen moderno sin rebelarnos: en uno u otro momento todos los mexicanos tenemos algo de mirreyes. O al menos aspiramos a serlo, con sus actitudes egocéntricas ignorando al resto de personas que pasan por un lado de ellos, o a sus ojos (nuestros ojos) por debajo de ellos. La poca responsabilidad social que tomamos en nuestra comunidad, en nuestra vida. Y es que en todos los medios de comunicación vemos la aspiración a ser “ricos” a ser “mejores” a ser más blancos como en los comerciales, a tener mejores cosas para decir que valemos más, al dicho de “tanto tienes, tanto vales” o “como te ven te tratan” o llenar de alhajas, de ropa de marca, de “adornos” toda aquella imperfección del cuerpo que queremos tapar.

Lamento informarte que este no es un artículo para darte a conocer a los mirreyes que tienes que apuntar con el dedo, si no de darte a conocer tú la realidad, mi realidad, que es que todos somos parte del problema en algún punto. Al decir que la corrupción ya es “parte de la cultura” (como mencionaría alguna vez nuestro expresidente) mexicana y así normalizarla, el no tomar en cuenta a grupos sociales marginados como los son los presos o indígenas, el tener ciertas actitudes discriminatorias, aunque sean mínimas y ya aceptadas o hasta caricaturizadas en personajes de la pantalla chica, adoptados por una educación impuesta, al punto que ni siquiera nos damos cuenta de ellas y muchas otras cosas que en vez de enaltecer a nuestro país con sus cualidades infinitas, nos condenamos a nosotros mismos.

Uno de los principales venenos de México es la corrupción, la impunidad, la desigualdad y la mala educación (subtítulos del mirreynato), que están unidos entre si y se alimentan el uno del otro como un cáncer y que de ellos se generan muchos otros más. Podríamos simplemente decir que el problema es tener un mal gobierno y que con ello que no hagan lo suficiente por sus ciudadanos, pero recordemos que ellos también siguen siendo parte de la población mexicana, así como nosotros. Todos somos parte del problema, porque pareciera que cada burbuja, cada esfera, vive en un país diferente, un país dentro de otro país. Y que es deber y obligación de cada uno ver a las otras esferas para poder aprender de ellas, así como ayudarlas a mejorar sus condiciones de vida.

El gobierno, desde su burbuja, sujeta las riendas de la mayor responsabilidad sobre un pueblo que les otorgó la confianza para que los representen, y así como ellos tienen que tomar su papel en la sociedad, tanto lo alto de la balanza como lo bajo tenemos que ser empáticos y aceptar nuestra realidad frente a la de los demás para poder derrocar este régimen mirreynal dejándolo de perpetuarlo frente a nosotros mismos y el mundo.

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