La opinión pública es pilar de la libertad de expresión y de toda sociedad democrática
Algunos políticos tienen la piel muy sensible, ya que no se les puede tocar ni con el pétalo de una rosa porque son intolerantes a la crítica periodística. Sin embargo, mientras reciban un salario del gobierno o pertenezcan a partidos financiados con recursos públicos, provenientes de los impuestos que aportamos los ciudadanos, se les debe señalar, bien o mal, les guste o no.
Y es que si no están de acuerdo, sencillamente que se vayan a su casa a descansar porque no son la Madre Teresa ni el papa León XIV; son políticos y, por lo tanto, están sujetos a la censura o al reconocimiento.
La prensa únicamente da a conocer datos, hechos, sucesos y acciones a través de diferentes géneros periodísticos: nota informativa, entrevista, editorial, columna, artículo, caricatura, crónica y reportaje.
Pero es la sociedad lectora la que elige qué ver y qué procesar en su pensamiento, que creer o que no, esto después de analizar diferentes versiones publicadas. Es ahí, y no antes, cuando se forma su propia opinión: la “opinión pública”.
Esa es la base de la libertad de expresión y de la libertad de prensa. Los políticos que no lo entiendan no tienen cabida en una democracia puesto que tienden al paternalismo, totalitarismo, al autoritarismo y son altamente proclives a la censura cuando ejercen el poder del Estado en cualquiera de sus tres niveles.
Así que, si andan en la política de les va a criticar, repetimos: a favor o en contra y tienen que aguantar “vara”. Va.
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