𝗥𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗟𝗼𝗰𝗮𝗹
A Israel Santillán no le tomó ni unas semanas descubrir cómo funciona Bahía de Banderas, aquí hasta los que no existen legalmente cobran.
La ampliación a ocho carriles de Mezcales–El Manguito, la obra más importante para la movilidad del municipio, está secuestrada por una estructura que ni siquiera tiene capacidad legal para firmar un recibo.
El Ejido de Valle de Banderas, sin personalidad jurídica vigente, exige al Ayuntamiento un pago retroactivo por los terrenos donde operan oficinas de gobierno, y de paso amenaza con cobrar renta si no se le paga ya.
¿Cómo se atreve a exigir millones una entidad sin reconocimiento jurídico? Muy fácil porque sabe que funciona. Porque el mismo “ejido fantasma” que hoy no tiene personalidad para nada, sí la tiene de sobra para vender terrenos “baratos”, lotificar sin permiso y repartir constancias ejidales como si fueran escrituras notariales. Ese negocio no se detiene. Ese sí se cobra al contado.
No es defensa patrimonial, es extorsión con membrete ejidal. Si hubo cesión legítima para uso público, como sostiene el Ayuntamiento, entonces esto no es un reclamo: es un chantaje disfrazado de derecho agrario, y el municipio no tiene por qué arrodillarse ante una figura que opera fuera de la ley cuando le conviene.
El costo de esta voracidad lo pagan miles de familias atrapadas en el tráfico, los negocios que dependen de esa vialidad y un municipio que necesita avanzar. Santillan tiene la obligación de no ceder ni un peso a quien no tiene ni la calidad moral, ni la legal, para exigirlo.
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