El laberinto de AMLO: militarización, militarismo y paramilitares

Militarización: es el proceso por el cual el estamento militar participa e incide en la sociedad, la política, la economía y la educación. La militarización en la política se plasma por la asunción, por parte de militares, de responsabilidades políticas.

Militarismo: ideología según la cual la fuerza militar es la fuente de toda la seguridad. En su forma más leve se postula a menudo con argumentos muy variados, para justificar la preparación militar de una sociedad, todos los cuales tienden a asumir que la paz a través de la fuerza es la mejor o única forma de conseguir la paz.

Paramilitares: John Quick (Dictionary of weapons and military terms. McGraw Hill. Estados Unidos, 1973.) define a los paramilitares como: «aquellos grupos que son distintos de las fuerzas armadas regulares de cualquier país o Estado pero que observan la misma organización, equipo, entrenamiento o misión que las primeras.»

A los grupos armados de la sociedad civil la doctrina militar mexicana no les llama paramilitares sino «personal civil» y establece su necesidad imperiosa para controlar a la población durante las operaciones de contraguerrilla. Sostiene el Manual de Guerra Irregular de SEDENA:

  1. las operaciones de contraguerrilla forman parte de las medidas de seguridad que adopta un comandante de teatro de operaciones en su zona de retaguardia, para evitar que las operaciones regulares sufran interferencias ocasionadas para la acción de bandas de traidores y enemigos, para lo cual el comandante de un teatro de operaciones deberá emplear a todos los elementos organizados y aun a la población civil para localizar, hostigar y destruir a las fuerzas adversarias.

Pero el uso de civiles va más allá: según el Manual de Guerra Irregular, las operaciones de la contraguerrilla se conducen también con personal civil o militarizado (civiles o policías dirigidos por jefes militares). Veamos el párrafo siguiente del Manual:

  1. Por lo antes expuesto, se puede definir que las operaciones de contraguerrilla son aquellas que se conducen con unidades de personal militar, civil o militarizado en terreno propio para localizar, hostigar y destruir a fuerzas integradas por enemigos y traidores a la patria que conducen operaciones militares con tácticas de guerrilla.

El tipo de operaciones de contraguerrilla se conduce con personal civil y está destinado al control de la población. Señala el Manual:

  1. Las operaciones de contraguerrilla comprenden dos diferentes formas de operaciones interrelacionadas que son:

A: Operaciones para controlar a la población civil.

  1. Operaciones tácticas de contraguerrilla.
  2. Como puede apreciarse, la primera forma no es una operación militar clásica, por lo que puede ser conducida por personal civil o militarizado, aunque dirigido, asesorado y coordinador por el comandante militar del área, mientras que las operaciones tácticas de contraguerrilla son conducidas por unidades militares y militarizadas.

Según el Manual de Guerra Irregular, la responsabilidad en el uso de la población civil recae en el gobierno federal y en los acuerdos con los gobiernos de los estados y autoridades diversas en el área de conflicto. El párrafo C del punto 562 detalla:

  1. Los comandantes que planean operaciones de contraguerrilla y la población civil son regidos por restricciones y acuerdos que el gobierno federal tiene con los estados y autoridades diversas de los lugares en conflicto. En caso de que el problema se suscite en áreas ocupadas por el enemigo, las contraguerrillas establecerán coordinación con la resistencia para localizar y destruir a los grupos de traidores.

Este párrafo indica que la responsabilidad del uso de civiles en operaciones de contraguerrilla recae directamente en el gobierno federal, así como en las autoridades locales y estatales del área de conflicto. El mismo Manual establece que el derecho internacional es aplicable en el caso de que las fuerzas armadas comentan tratos inhumanos o actos criminales contra la población civil.

EL gobierno de Andrés Manuel López Obrador navega en aguas turbulentas a elección propia, a sabiendas o no, de los grandes riesgos para la embarcación nacional.

En su larga campaña política criticaba con agudeza y severidad la participación de los cuerpos militares en tareas de orden civil (para éste análisis la población civil es toda aquella no militar).

Prometía con gran entusiasmo sacar al ejercito de las calles y retornarlo a los cuarteles, lo cuales hasta ahora e incluso, ahora más que nunca un anhelo y reclamo de sus gobernados, uno más que no parece tener la menor intención de cumplir.

Solo, pero no está solo

Es paradójico, pero a pesar de ser el presidente con el mayor respaldo popular de la historia, a la hora de gobernar, de iniciar el camino para gobernar; se dio cuenta de que en realidad estaba solo o casi solo. A diferencia de otros gobernantes electos, que llegan con todo un andamiaje de personas y perfiles predefinidos para cada posición de gobierno, Andrés Manuel, por su forma lobuna de ser llega a la presidencia solo o casi solo.
De ahí que su gabinetazo se haya “armado” con una mezcolanza sin ton ni son: amigos, compañeros de viaje en sus largas campañas, conversos de último momento y toda clase de egos que pronto, más temprano que tarde comenzaron a chocar escandalosamente, dando inicio al temprano desgrane de la mazorca.

De repente el presidente de las confrontaciones, el del mundo de dos colores encontró en el suave susurro de la “fidelidad institucional” que le ofrecían las fuerzas armadas, en su imaginación a “los mejores aliados del pueblo”, donde el pueblo es él y su visión personal de gobernar.

Sin duda contar con el respaldo incondicional de las fuerzas armadas le da una gran seguridad a quien lo tenga, sea quien sea.

El problema es que México atraviesa por un grado tal de desgaste y descomposición de las instituciones, donde la corrupción, la simulación, el gasto discrecional, la opacidad, la violación reiterada a las normas de buen gobierno se han vuelto la única constante de al menos los últimos 5 gobiernos federales y que cada vez es más grave, escandalosa e impune.

La etapa actual de acumulación del capitalismo está caracterizada en el mundo por la militarización, el militarismo y las fuerzas civiles armadas. Es un conflicto empeorado en México por la lucha sin tregua que mantienen los diversos cárteles de la droga por el control de las zonas de producción de estupefacientes y las rutas de trasiego a la Unión Americana.

Así, en México como en el mundo el surgimiento de grupos armados para luchar contra otros violentos ha sido auspiciado por el propio ejército, que les brinda las facilidades y hasta el adiestramiento para que les ayude a hacer el “trabajo sucio”; tal cual ha ocurrido entre otros con las autodefensas.

El domingo 10 de abril, por tercera ocasión, en la zona de Chilapa, en la montaña baja de Guerrero, se presentó ayer a 19 niños de entre 6 y 16 años armados, entre ellos una niña de 12 años, que hicieron incluso una demostración de tiro frente a unos montículos. Se argumentó que son policías comunitarios, que en asamblea las comunidades de la zona autorizaron que sus hijos formen parte de ese cuerpo de seguridad, pero en realidad se está dando cuenta de un grupo paramilitar que se dice fue creado para luchar contra grupos delincuenciales que azoran la región de la sierra baja de Guerrero.

Todas las experiencias anteriores de paramilitares operando en las zonas marginadas han resultado en terribles historias de horror y de terror y quienes en un momento parecen “aliados del pueblo, o del gobierno” terminan siendo perseguidos o exterminados por el propio Estaco cuando dejan de ser convenientes a los intereses “institucionales”.

El caso es doblemente alarmante y grave, pues no solo les están robando el derecho a una infancia plena a los niños, sino que, desde ya, se los está condenando a una vida de violencia en la que sus expectativas de vida son casi nulas, no se diga su derecho a la felicidad.

El gobierno federal, por elección propia de su titular, está atrapado en un laberinto del que no se le ve la mínima intensión de querer salir, el problema es grave y amenaza a toda nuestra sociedad. Está probado históricamente que la única manera de mantener al ejército de cualquier nación fiel a su misión es restringiendo sus funciones.

El Ejército Mexicano es un ejército de paz, además de salvaguardar la soberanía nacional y ser coadyuvante en cuestiones de seguridad, tiene la misión de prestar ayuda en situaciones de desastre.

Es más que evidente que si se expone, caerá fácilmente en las tentaciones de corrupción, no son empresarios como para que se les delegue la administración de trenes, ni de aeropuertos ni de instalaciones estratégicas: por más que se pretenda justificar con el maniqueísmo de que les debemos tanto, de que es para asegurar la ingeniería financiera que permita el pago de jubilados y otras cosas muy importantes a las que desde luego tienen derecho, pero de las que el obligado a prestárselas, a dárselas es el Estado Mexicano; pero no en pago en especie ni mediante extraños y obscuros trueques.

Ni a la Marina los puertos, ni ninguna otra instalación estratégica.

Sin aprender

Todas las decisiones que está tomando el gobierno federal en torno a la ampliación de las actividades que deben desarrollar las fuerzas armadas de México dan cuenta de que este gobierno, cuyo titular se dice gran aficionado a la historia, nos permiten ver que no hay aprendizaje, o es tal la soberbia que se cree que, por única vez, la historia caminará en otro sentido.

¡El laberinto de AMLO comienza a estrecharse y los ahogos que estará produciendo nos cortarán el aliento a todos, ojalá que la historia y nuestras capacidades nos permitan salir bien librados de este entuerto!

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