Con tanto arguende en redes sociales ¿cuál es la opinión que vale? – Comentarios de la Bahía

Dentro del conocimiento humano, en todos los órdenes de la ciencia y la filosofía, existen diferentes clases de saber, hay el saber que tenemos todos sin haber aprendido ni reflexionado sobre nada; surge otro saber, que es el que adquirimos cuando lo buscamos; está entonces un saber, que tenemos sin haberlo buscado, pero hay otro saber, que no tenemos, más que si lo buscamos y que si no lo buscamos, no lo tenemos; es el caso de las profesiones, médicos, odontólgos, abogados, administradores, ingenieros, arquitectos, sociólogos etcétera, maestros, etcétera, o el conocimiento adquirido de manera autodidacta a través de la lectura, cultural y científica, que afina el pensamiento crítico.

En el marco de la Filosofía, esta duplicidad del sentido de la palabra “saber”, responde a la distinción entre la opinión y el conocimiento bien fundado racionalmente. De hecho Platón, con esta distinción entre la opinión y el conocimiento fundado, inicia su obra filosófica; distingue lo que él llama “doxa”, que es la simple opinión (la palabra doxa, la conocemos todos y la encontramos en la bien conocida palabra de “paradoxa” o paradoja, que es la opinión que se aparta de la opinión corriente), y frente a la opinión, que es el saber que tenemos sin haberlo buscado, pone Platón la “episteme”, que es la ciencia, que es el saber que tenemos porque lo hemos buscado.

Así que es más valiosa la opinión de aquellos seres humanos que cuentan con un saber porque lo han buscado, lo adquirieron metódicamente, siguiendo determinados caminos, aplicando determinadas funciones mentales a la averiguación; Platón denominó el método del saber reflexivo que encontramos después de haberlo buscado intencionalmente, como la dialéctica; es decir, que cuando no sabemos nada, o lo que sabemos, lo sabemos sin haberlo buscado, como la simple opinión sin sustento, o sea un saber que no vale nada, cuando nada sabemos, pero queremos supuestamente saber para poder opinar.

Cuando aspiramos a llegar a esa “episteme”, a ese saber racional y reflexivo, tenemos que aplicar un método para encontrarlo, a ese método Platón lo llamó dialéctica, que consiste en suponer que lo que queremos averiguar, tal cosa o la otra, es decir, anticipar el saber que buscamos, pero inmediatamente negar y discutir esa tesis o esa afirmación que hemos hecho y depurarla en discusión.

Valga la reflexión filosófica porque con el fenómeno de las redes sociales, garantizan la plena “Libertad de Expresión” de los ciudadanos, que no debe confundirse con la “Libertad de Prensa”, pero que la mayoría de las veces, se manifiesta de manera irresponsable, para desacreditar, no para construir, con opiniones vertidas en una serie de publicaciones, descalificando con un lenguaje soez, la actitud y el desempeño de algunos actores políticos, de empresa y la sociedad, por parte de cientos de nuevos “opinadores”, en donde no pocos se mofan de “periodistas” sin serlo, que traen su carreta por medio de las redes sociales, que cobijados en la sombra del anonimato, a través de “perfiles falsos”, que en su malinterpretada “Libertad de Expresión” que les brinda este “medio de comunicación”, sus opiniones consideramos no tienen absolutamente ningún valor ni influencia, menos si están cargados de dogmas políticos o religiosos.

Porque muchos de estos facebookeros, simplemente opinan precisamente con un saber que no buscaron, por lo tanto su opinión “su doxa” no vale, no influye en la opinión pública, precisamente porque la gente sabe que no cuentan con conocimientos racionales y bien fundados que le den calidad a lo que opinan y escriben, son unos burros en pocas palabras, únicamente se valen de la opinión corriente que les da ese saber y entender del sentido común que tienen sin haberlo buscado, escudados en un supuesto “periodismo ciudadano y libre de las redes sociales”, pero que desconocen totalmente la connotación teórica y práctica de lo que es la comunicación social y el fomento de la opinión real, sustentada y científica, que confunden con difamación y desacreditación, actitudes que son producto de sus fobias y frustraciones.

Tenemos también el dogmatismo político, que es la intolerancia hacia quienes no piensan igual o difieren ideológicamente, que no aceptan otras alternativas, precisamente como la “izquierda radical”, que defienden supuestamente “la libertad de expresión”, pero nada más la de sus propias ideas, no las de los demás, las cuales condenan y cuando son gobierno, censuran y reprimen, característico de los regímenes totalitarios y autoritarios, que en la historia universal han sido antesala del fascismo.

La libertad de expresión en las redes sociales no debe confundirse con el periodismo profesional, que es una forma de comunicación social a través de la cual se dan a conocer y se analizan los hechos de interés público; resuelve de manera periódica, oportuna y verosímil, la necesidad que tiene el hombre de saber qué pasa en su ciudad, en su país, en el mundo y repercute en la vida personal y colectiva, por lo tanto el papel de los medios de comunicación social, se hace fundamental para darle rumbo a una opinión pública que coadyuve al desarrollo en todos los órdenes del quehacer humano.

El tratamiento de los hechos por parte de la prensa, expresa un modo de percibir y enjuiciar la realidad, proyecta una posición política frente a los hechos. Su ejercicio fluidez de informaciones y opinión, inciden en la modelación de criterios y en la consecuente respuesta social para que las estructuras de poder se mantengan como están o para que modifiquen sus formas de ejercer el gobierno en beneficio de la gente

Obviamente que siempre y cuando se cumpla esta regla de hacer un periodismo de opinión real, no superficial, sustentado en la teoría y la práctica de la comunicación social, con la episteme que decía Platón, con un saber que hemos adquirido, porque lo buscamos, apegados a un método científico en el que ya se reflexionaron todas las opciones o posiciones, para así emitir una opinión real, no gansteril ni corriente, como el que se promueve con saña por algunos en las redes sociales, confundiéndolo con un “periodismo ciudadano”, que no existe, sino que es un fenómeno de la comunicación y de la libertad de expresión que facilita el internet, en donde en muchos casos se opina sin sustento y con la cobardía del anonimato.

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