Los defensores de la democracia

  • Por favor, si usted está consternada o consternado sobre el futuro de nuestra democracia, le invito a quedarse hasta el final, esperando que este ejercicio de reflexión provoque nuevas ideas en usted.

Cuando inició el año terminé de leer un libro que, en medio del contexto internacional en el que salió, y sobre todo en contexto mexicano, podría parecer un presagio muy oscuro. “Cómo mueren las democracias” de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt es una lectura recomendada para todos aquellos que no logramos dimensionar la importancia de muchas decisiones políticas a nivel nacional, y también para aquellos que están interesados (y tenemos la esperanza) en lograr un cambio estructural en la manera en la que se hace política en este país, y que, por lo tanto, afecta en el ejercicio real de nuestra “democracia”.  A tan sólo unos días de las que se han venido denominando como “las elecciones más grandes en la historia de México” muchas cosas preocupan del escenario político, y también, de la democracia en México. Así como mucha gente, hay algunas reflexiones que me gustaría compartir, y contrastar con algunas realidades que estamos viviendo a nivel nacional.

Este año fue igual a otros años electorales, pero muy diferente en muchos aspectos. Igual en el sentido de la guerra sucia, de las promesas vacías, de los candidatos viejos y conocidos, y en casos excepcionales, candidatos nuevos que prometen bastante y representan una alternativa esperanzadora. Sin embargo, fue muy diferente este año en cuanto a las dinámicas de hacer política que vimos: múltiples partidos contendiendo; coaliciones descaradamente convenencieras y desesperadas; campañas sin sentido debido a la pandemia, entre algunas otras.

Lo preocupante de este escenario tan absorto en sí mismo es que distrae nuestra atención como ciudadanos de la democracia real de la que formamos parte. Mientras los candidatos juran y firman cartas y acuerdos prometiendo ser la mejor opción para la democracia en nuestro país, la realidad es que son ellos mismos y sus partidos quienes, por el contrario, la debilitan. En el libro “Cómo mueren las democracias” se hace un diagnóstico, y a la vez una suerte de manual, sobre los factores que debilitan la democracia de un país; de manera concreta, los autores lo trasladan al caso de Estados Unidos y el expresidente Donald Trump. En este, los autores mencionan que uno de los factores que más peso tienen en la defensa de la democracia, y a quienes ellos denominan “los guardarraíles de la democracia”, son los partidos políticos. Y habrá quienes dirán: “oye, pero no puedes comparar la democracia estadounidense con la mexicana, porque ellos tienen un sistema bipartidista”. Y es cierto, pero en ese sentido va la reflexión.

¿De qué manera pueden garantizarnos los partidos y sus candidatos que van a asegurar la democracia, si ellos mismos están dividiéndola de manera exagerada en 10 partidos diferentes o más? Si quisiéramos encontrarle un lado bueno a esa práctica cuasi separatista, podríamos decir que hay más diversidad en las propuestas y las corrientes de los partidos. Pero, seamos honestos, muchos partidos son prácticamente lo mismo, con ideologías muy similares, y propuestas casi calcadas (ya que es lo que llevamos años esperando que hagan); sólo cambian de color. Por el otro lado, lo negativo de esto es que entre más partidos existan y se mantengan, o mejor dicho, mantengamos, los proyectos políticos nunca serán de colaboración ni tendrán continuidad. Cada 3 años, cada 6 años, vendrán “nuevas caras” a querer reinventar o parchar todo lo que ya hay.

Esta práctica es justamente la que provoca la ilusión del “voto útil”; no existe un voto útil, cuando todos los votos se cuentan en nuestro sistema electoral. Esa es la mentira que los partidos políticos que buscan tu voto van a contarte, haciéndote creer que así vas a defender el futuro de tu democracia cuando en realidad contribuyes a debilitarla. Si desmenuzamos el discurso del voto útil, tenemos una contienda electoral entre dos partidos solamente en la gran mayoría de los estados y municipios del país. En ese sentido, así se parecería más al diagnóstico del bipartidismo en Estados Unidos, ¿no?

Por otra parte, hay algunos puntos que, como ciudadanos, tenemos que darnos cuenta en estos tiempos electorales: no le debemos ninguna lealtad de ningún tipo a ningún partido, no son equipos de fútbol; creer que nuestro voto no haría la diferencia y dejar de salir a votar es una mentira, nos da todo el derecho de exigir en esta democracia; y, finalmente, entre más nos involucremos y reflexionemos de manera crítica sobre lo que sucede en nuestro país, tan democrático o no como pueda llegar a ser, nos va a llevar por un camino más justo hacia la construcción de este.

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