Por qué cobran los periodistas

Columna Comentarios de la Bahía: Opinión de Nayar Araiza

“Políticos y periodistas, se buscan unos a otros, se rechazan, vuelven a encontrarse para tornar y discrepar. Son especies que se repelen y se necesitan para vivir. Los políticos trabajan para lo factible entre pugnas subterráneas; los periodistas trabajan para lo deseable, hundidos en la realidad. Entre ellos el matrimonio es imposible, pero inevitable el amasiato”. Julio Scherer

La persona pública siempre estará sujeta a la crítica y a la censura, quien no lo entienda pues que sencillamente se vaya a su casa a descansar, no andan en la religión ni son curas, ni la Madre Teresa de Calcuta o el Papa Francisco, andan en la política, manejan recursos públicos y por lo tanto se les debe criticar

Para tener medios de difusión local acordes con los cambios que la modernidad y el desarrollo actual reclaman, debemos pagar a quienes contribuyen a formar la opinión pública, a los medios de comunicación profesional, “a la perrada”

La pluralidad de las ideas y la crítica constructiva, contribuyen al avance de la sociedad para alcanzar las metas de desarrollo y democracia en todos los órdenes del quehacer humano, tan largamente anhelados por los mexicanos. El periodismo es un fenómeno de la comunicación social, que se le estudia y se le investiga como una técnica o como parte de una ciencia, en este caso dentro de las Ciencias de la Comunicación.
Por lo tanto la prensa y las editoriales forman parte de las instituciones de la sociedad, cumpliendo el fundamental papel de influir directa o indirectamente sobre la opinión pública, ya que abarca todo el campo de la ideología, plasmada por medio de periódicos, diarios, libros y revistas políticas, científicas, literarias, económicas, o deportivas, ahora trasladado su trabajo periodístico a páginas de internet, las redes sociales en la web, “al periodismo digital” que es la tendencia hecho por periodistas profesionales, pero es exactamente lo mismo en el proceso de comunicación social y de prensa ante la opinión pública; cambia únicamente el canal por donde se trasmiten los mensajes entre el emisor y el receptor.
Es por esta razón que la clase dirigente o gobernantes le dan vital importancia a los medios de comunicación electrónicos o escritos, ahora presentes en el “ciberespacio”, que como puente directo que son con la sociedad, les interesa que sus hechos y acciones sean asimilados por las conciencias de sus subordinados, que según la concepción Gramsciana del poder, forma parte de “una relación de dominio” dentro de “una relación de poder”, entendiéndolo este como la capacidad de una clase (en este caso la clase dirigente o gobernante) para lograr sus objetivos específicos, como la gobernabilidad y el bien común; esto dentro de un hecho social político que por excelencia es el Estado, es vital y necesario; de ahí la existencia de las “oficinas de comunicación social o de prensa” en los gobiernos en sus tres niveles, partidos políticos e instituciones.
Es así pues, como entonces que los políticos y gobernantes están en constante y estrecha relación con los medios para vincularse con la sociedad; indiscutiblemente que necesitan de la prensa y por lo tanto de los trabajadores de la comunicación o periodistas; siempre estarán buscando “periodistas amigos”, -cuando les conviene-.
Como extraordinariamente afirmó en su filosofía Julio Sherer García: “Políticos y periodistas, se buscan unos a otros, se rechazan, vuelven a encontrarse para tornar y discrepar. Son especies que se repelen y se necesitan para vivir. Los políticos trabajan para lo factible entre pugnas subterráneas; los periodistas trabajan para lo deseable, hundidos en la realidad. Entre ellos el matrimonio es imposible, pero inevitable el amasiato”.
“El periodista observa la vida privada de los hombres públicos y se entromete en su trabajo, asiste como puede a las reuniones a perta cerrada y se hace de documentos reservados: El periodista escucha lo que no debe escuchar y mira lo que no debe mirar en la búsqueda afanosa de los datos y signos que informen a la sociedad de lo que ocurre en las esferas del poder”.
Los políticos cuando son aspirantes a los cargos públicos a los primeros en llamar son precisamente a los trabajadores de los medios, columnistas políticos, cartonistas, fotógrafos y hábiles reporteros para que les redacten “boletines”, pero paradójicamente cuando traen dinero o llegan al poder político lo último que pagan es prensa, y cuando no tienen, lo primero que dejan de pagar es también prensa. Piden hasta fiado, “cuando llegue te va ir bien” es la cantaleta de siempre.
Los políticos indiscutiblemente requieren como condición inherente a su actividad el servicio de los trabajadores de prensa “de la perrada”, a “los periodistas”, ya que teórica y técnicamente su función es fundamental para la política, aunque algunos por su soberbia e ignorancia supina que derraman por los cuatro costados no lo reconozcan, menos ahora con las redes sociales, que estamos ante un fenómeno de “políticos desquiciados”, que se sienten “comunicadores de prensa” de sus propias actividades y que trasmiten y publican a través de sus muros.
Por esta circunstancia quienes se dedican al periodismo en sus diferentes géneros, (nota informativa, reportaje, editorial, columna, entrevista, cartón, fotografía), aparte del costo de producción de un medio masivo de comunicación, o de los “convenios” con las empresas periodísticas, los periodistas deben de recibir una retribución económica por su trabajo. Un salario. No conozco ninguna actividad laboral en el capitalismo en donde se trabaje gratuitamente.
Muy cuestionado “injustamente” es también el denominado “chayote” al reportero, al columnista, al cartonista o fotógrafo, que son los que nutren de información, fotografías, videos y editoriales a las empresas periodísticas, que por lo regular no pagan salarios, pagan muy poco o simplemente no pagan, es un oficio poco retribuido, por lo que en México está arraigado el “patrocinio” privado a los “periodistas”, eso es simplemente un “incentivo”, una retribución por su trabajo, que analógicamente hablando, es como la “propina” al mesero.
Cuando se va a un restaurante y el mesero brinda un buen servicio, se paga la cuenta, cuando el cliente queda satisfecho, se paga un “extra”, “la propina” al mesero. Pues es exactamente lo mismo: cuando un partido o gobierno contrata un “convenio de prensa” a las empresas periodísticas y de comunicación para difundir sus hechos y acciones de gobierno, o los partidos y candidatos para dar a conocer sus propuestas y actividades partidistas, pagan la cuenta facturada a la empresa, además la Ley se los exige en transparencia para la comprobación de gastos, pero también pagan un “extra” a los periodistas, (esto cada vez menos), que viene siendo exactamente como “la propina del mesero”, “por un buen servicio”, con la diferencia que la “propina gastrohotelera” está legalizada, la norma marca un 10 por ciento, y “los chayotes” no lo están.
El manejo de los espacios para la difusión de la información también se vende, por eso los periodistas y los propietarios de los medios de comunicación cobran, además el gobierno en todos sus niveles y los políticos y sus partidos, para lograr los objetivos que se plantean contratan espacios en la prensa, actualmente ya trasladada al internet y redes sociales, tiempos aire en radio y Televisión, así como también a reporteros, fotógrafos, cartonistas y columnistas para difundir sus ideas y acciones, independientemente de las líneas editoriales de cada medio. Esto no es ilegal ni antiético, es como contratar un abogado o contador para que haga un trabajo para el cual es especialista.
Los políticos, principalmente el funcionario de partido o el gobernante, no sólo buscan obtener con su participación en la actividad pública, el reconocimiento social que trae aparejado el sentimiento de poder, el ejercer influencia sobre las personas, el tener la oportunidad de participar en los hechos históricos, sino también esperan una retribución económica, que en estos tiempos son bastante bien pagadas.
O a ver que por ser regidor, síndico, diputado, presidente, senador, funcionario o secretario de algo, no pagaran, que fuera trabajo gratis, honorario. ¿Cuántos de esos hombres políticos que se desgarran las vestiduras por las candidaturas en sus partidos o los puestos en el gobierno estarían dispuestos a ocuparlos o pelearlos hasta la enemistad entre sus pares o correligionarios de partido como lo hacen actualmente?
Los políticos y gobernantes, están obligados a entender la función de la prensa de la cual se valen, ya que muchas veces, la mayoría de las veces, muchos de ellos, no comprenden el esfuerzo editorial que representan el trabajo profesional de los periodistas, a través de la crítica objetiva de sus acciones, a favor o en contra, que les hacen los verdaderos y profesionales editorialistas, columnistas, reporteros, conductores, fotógrafos y cartonistas, no aquellos opinadores de “feis” que ejercen efectivamente la “Libertad de Expresión” más no la “Libertad de Prensa”, conceptos totalmente diferentes.
El periodismo profesional contribuye al desarrollo político, social, cultural y económico de la sociedad; pero por esa animadversión de algunos políticos maletas hacia los periodistas, es que prefieren gastar en las campañas políticas miles y miles de pesos en volantitos, cartelones y publicidad cara, pero con poca penetración e influencia en la opinión pública, en lugar de estimular a quienes conducen al ciudadano a la reflexión.
Ahora está de moda las redes sociales del internet. Pero eso sí, se enojan cuando no salen o reclaman cuando no se les publica alguna actividad partidista o de gobierno, o cuando se les hacen señalamientos de su comportamiento como seres públicos y administradores de los bienes del pueblo.
Quieren que salga su foto en pose sonriente, que los adulen, pero sin pagar como debe ser al periodista, a las empresas periodísticas y de comunicación por sus servicios informativos, editoriales y publicitarios, “no me has puesto nada”-dicen o reclaman-, como que si no fuera trabajo cubrirles sus fuentes, escribirles una nota, un editorial, una columna, un cartón o una fotogalería o grabarles en video sus actividades y difundirlas. Es un gasto y un desgaste trasladarse a sus “actos” partidarios o conferencias de prensa.
A muchos no les gusta que los toquen con ni con el pétalo de una rosa, son muy intolerantes, a estas alturas de la democracia en México, que tanto alardean muchos gobernantes y políticos de todos los niveles, debe de terminarse con el ejercicio del poder con marcados tintes de nepotismo, autoritarismo así como de intolerancia hacia la crítica periodística.
Solamente la verdad expresada con lógica es la que convence a la opinión pública, eso sí la verdad de cada quién, a final de cuentas es el lector el que decide que columnista leer, que noticiero escuchar, se analizan las diferentes versiones, se comparan y es cuando se forma la opinión pública, que es la que contribuye al surgimiento de una verdadera libertad de expresión producto de la democracia.
La persona pública siempre estará sujeta a la crítica y a la censura, quien no lo entienda pues que sencillamente se vaya a su casa a descansar, no andan en la religión ni son curas, ni la Madre Teresa de Calcuta o el Papa Francisco, andan en la política, manejan recursos públicos y por lo tanto se les debe criticar.
Para tener medios de difusión local acordes con los cambios que la modernidad y el desarrollo actual reclaman, debemos pagar a quienes contribuyen a formar la opinión pública, a los medios de comunicación profesional, “a la perrada”.

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