– No quieren ser contrapeso; quieren ser operadores, jefes, dueños de áreas que no administran y de decisiones que no les competen…
En Bahía de Banderas ya no sorprende que las decisiones de Cabildo poco tengan que ver con el interés público y mucho con los intereses personales. Lo ocurrido recientemente con el rechazo a la propuesta del presidente municipal, Héctor Santana, para designar a la titular del Instituto Municipal de la Mujer, no fue un hecho aislado ni una evaluación objetiva del perfil presentado. Fue, simple y llanamente, una factura política.
La propuesta iba a ser rechazada fuera quien fuera la persona presentada. La sesión ya venía cargada, enrarecida por las faltas “justificadas” de tres regidores y el descontento de algunos regidores – que se sienten presidentitos que no han logrado saciar sus exigencias. No se trataba de Briana Guzmán; se trataba del “no” sistemático que anuncian a todo lo que no pase primero por el filtro de sus caprichos.
En esa sesión, varios regidores han convertido su voto en moneda de cambio. A leguas se nota que quieren mejores compensaciones, más espacios para sus allegados, mayor margen para meter mano en las dependencias, y una cuota de poder que no les corresponde.No quieren ser contrapeso; quieren ser operadores, jefes, dueños de áreas que no administran y de decisiones que no les competen.
Y lo más grave es la incongruencia. Regidores que perciben ingresos cercanos a los 150 mil pesos mensuales, entre sueldo y compensaciones, todavía se dan el lujo de pedir “descuentos”. Descuentos en licencias de funcionamiento de sus propios negocios. Descuentos en pagos de derechos por construcción. Favores para ellos y para su equipo cercano. Tratos especiales. Todo, menos cumplir la ley que juraron respetar.
No destinan su compensación para apoyo social, no la usan para atender causas comunitarias ni para respaldar a los sectores más vulnerables. La quieren para ellos, para su comodidad, para su operación política, para seguir alimentando una ambición que claramente no tiene llenadera.
En ese contexto, la propuesta del Instituto Municipal de la Mujer fue solo el pretexto. Un daño colateral de una disputa de poder que nada tiene que ver con las mujeres, con la agenda de género ni con el fortalecimiento institucional. Lamentablemente, le tocó a Briana Guzmán pagar el costo de un Cabildo más preocupado por cobrar facturas que por construir soluciones.
Mientras tanto, la ciudadanía observa cómo algunos regidores olvidaron que su función no es negociar privilegios, sino representar al pueblo. Y en ese olvido, el Cabildo se convierte en un obstáculo más para el desarrollo del municipio.
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